lunes, 21 de abril de 2014

La tarea más importante de nuestra vida


Nuestra escuela tradicional básicamente es impartidora de conocimientos, algunos lamentablemente desligados de la realidad que vive el niño, pareciera que para pensar bien hay que dejar de lado los sentimientos y el problema viene cuando en cada decisión que tomamos están los sentimientos presentes.

No hay una buena educación sin la visión del niño como un ser integral, al cual hay que aportarle los conocimientos necesarios para su desarrollo intelectual pero a la vez la gestión de las emociones que le darán las herramientas para poder relacionarse adecuadamente con su entorno.

Conozco por experiencia personas con un nivel educativo muy alto, pero totalmente desligados emocionalmente de los que los rodea y he vivido sus complicaciones a la hora de encontrar pareja o mantenerlas, criar hijos, etc.

Como padres, es nuestra obligación procurar ofrecerles en casa a nuestros hijos un ambiente en el que puedan desarrollarse como personas y para ello hay algunas cosas que no debemos perder de vista.

1. Coherencia: darle normas al niño y no cumplirlas nosotros, es como intentar arar en el mar. Cuando enseñamos alguna conducta, por ejemplo, que se exprese sin necesidad de gritar, aunque tú le digas que no grite, el mensaje que verdaderamente le llegará es lo que tú haces en situaciones límite, si dominas la situación y puedes controlar tu disgusto, respiras profundo y te comunicas en una forma sosegada, sin gritar, le estarás dando a tu hijo una herramienta fundamental para manejar su frustración.

2. Poner límites. Aún cuando existen muchas corrientes actualmente que favorecen la total libertad del niño, pienso que hay cosas que no se negocian. La hora de estudiar, la de comer, la hora de llegada cuando son más grandes, la hora de ir a la cama los días de clase, el respeto a sus hermanos y padres, etc. Los límites le enseñarán al niño a estructurarse, a organizarse, a saber que no todo está permitido.

3. Continuidad en la corrección. Perdemos mucho si la corrección depende de nuestro estado de ánimo. Ser firmes y mostrar continuidad en lo que le decimos hará que nuestros hijos sepan exactamente qué y cuándo hacerlo.

4. Disparidad entre lo padres. Aún cuando hayan diferentes puntos de vista en los padres de cómo educar a los hijos, es importantísimo que la pareja coincida en lo principal y que cuando uno de ellos corrija al niño, el otro no lo desautorice delante de él. Muchas veces caemos en esta trampa y además de la confusión que se generará en el niño, inmediatamente aprenderá con quien puede aliarse para romper las normas. Esta situación es muy dañina, por eso insisto en la necesidad que tienen los padres de acordar lo que se le permitirá al niño y lo que no.

5. Cumplir las promesas. Si prometes regalarle una bicicleta o ir de paseo al campo el fin de semana si hace algo en particular, procura cumplirlo. De lo contrario perderás la confianza de tu hijo hacia tí. Por eso, es mejor prometer cosas sencillas que sabes que puedes cumplir en lugar de ofrecerle cosas que sabes que no están a tu alcance.

6. Elogiar sus éxitos. Así como el niño sabe que si hace algo mal tendrá consecuencias, hay que mostrarles el otro lado de la moneda. Ante un éxito obtenido en la escuela o en cualquier otra cosa, en casa, en algún deporte, contar con tu reconocimiento es fundamental. Hazle sentir lo orgulloso que estas de él y lo mucho que le quieres.

7. Animarle a continuar a pesar de sus fracasos. Por el contrario, si a pesar de su esfuerzo, las notas no han sido las mejores o no pudo ganar en alguna competencia o simplemente no se comportó adecuadamente, un abrazo, ponerte en su lugar en ese momento, acompañarlo en su derrota, demostrarle que estás a su lado a pesar de...y que hay más oportunidades que debe aprovechar, harán de él una persona que no se hunde ante la adversidad y que no se queda en la frustración sino que aprenderá a encontrar la mejor forma de salir de los problemas.

8. Respeto. Es fundamental enseñarle a respetar en casa y a los demás sin importar su raza, creencias o condición social. Respetar las diferencias.

Al ser padres jamás dejamos de aprender. Lo importante es querer hacerlo y ofrecerles a nuestros hijos lo mejor de nosotros y cuando salga lo peor, saber disculparnos y hacerles ver que somos personas que nos equivocamos pero que sobretodo sabemos rectificar.

Todo este ambiente de respeto, coherencia, límites, apoyo, motivación y sobre todo amor es el  clima perfecto para crear personas aptas para enfrentar cualquier reto en la vida. Animo, es la tarea más importante de nuestra vida.

Quieres contarme cómo enfrentas la tarea de la educación de tus hijos? Te ha aclarado tus dudas lo que comento en mi artículo? Házmelo saber escribiendo a: mquemadres@gmail.com

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Imagen: Mi hijo Samuel con mi nieto Maximiliano.

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