lunes, 24 de marzo de 2014

Eres víctima de tus emociones?


He sido una persona que ha vivido intensamente en el aspecto emocional. He defendido con vehemencia mi razón cuando creí tenerla. He intentado decir siempre la verdad, aunque fuese solo mi verdad. He discutido acaloradamente frente a situaciones que yo juzgaba injustas. Pero ahora después de analizarlo, me doy cuenta que quizás esta forma de ser me ha traído más problemas que beneficios.

Supongo que todas estas reflexiones tienen que ver con la edad, con el sosiego que se gana con la experiencia, fuí tan impulsiva cuando era joven y tan apasionada con mis convicciones, que siento que de tanto defenderme, de ir muchas veces en contra de la corriente, sólo miré hacia una sola dirección como el caballo de carreras cuando le colocan las gríngolas para que solo mire hacia adelante. No me dí cuenta que mis palabras quizás hirieron, quizás en lugar de unir, separaron, quizás...

Esta experiencia la comparto para ayudar a las personas que como yo somos impulsivas y decimos las cosas como las sentimos. No es dejar de ser lo que somos. Eso nunca. Pero aprender a controlar nuestras emociones, a redirigirlas nos ayudará a actuar de una forma menos conflictiva, más tolerante. He aprendido que respirar profundo y esperar otro momento en medio de una discusión acalorada es mejor que dejar que salgan palabras que hieren y que después ya no puedes callar. He aprendido que si la verdad que voy a decir duele, dosificarla con cariño vale más que tirarla a la cara del otro, aunque sea la verdad. He aprendido a no juzgar por la apariencia, porque de los que peor pensé en un principio, luego han resultado ser unas personas adorables. 

No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones.
                                           
Y sobre todo le he puesto un poquito de sentido del humor a la vida. Muchas veces me río de mí misma y al lado de mi marido y mis hijos busco el lado positivo de las cosas, ahora me centro más en lo que nos une que en nuestras diferencias. Porque al final, he comprendido que lo realmente importante es querer y ser querido por los tuyos con un amor que vaya más allá de los defectos de cada uno, que se manifiesta aún a pesar de lo que somos.

Por eso...

Ahora antes de hablar... escucho.
Ahora antes de rebatir... analizo.
Ahora antes de responder...pienso.
Ahora antes de juzgar... me pongo en el lugar del otro.
Ahora antes de enfadarme...respiro.
Ahora antes de dar mi opinión...espero que me la pidan.
Ahora antes de aconsejar...abrazo.
Ahora antes de abandonar...lo intento nuevamente.

Te gustó este artículo? Te dejas llevar por las emociones? Eres impulsiva y eso te ha metido en problemas? Has aprendido con la experiencia? Comparte tu experiencia escribiéndome a: mquemadres@gmail.com

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Frase central de Jorge Bucay.
Imagen: Morguefile