domingo, 16 de febrero de 2014

Cada pareja tiene sus propios códigos.


Hay momentos en nuestra vida que actuamos de una forma yo diría casi reaccionaria o instintiva y que luego con el pasar de los años es cuando entendemos  la verdadera razón de nuestro proceder. 

Durante mi infancia mis padres no tuvieron muy buena relación, mi madre era mucho mayor que mi padre y quizás esto determinó su relación posterior. Somos dos hermanos y recuerdo de pequeña que desde muy temprano asumí el rol de defensa incondicional de mi madre de todo aquello que yo creía que le hacía daño, determinando completamente mi fuerte carácter, nadie me dijo que lo hiciera, pero yo lo asumí así. Creía que estaba en lo correcto y actué en consecuencia. Mi hermano, por el contrario, asumió otro rol diferente al mío, era conciliador, pacífico y yo diría que hasta permisivo. 

Pasaron los años y yo seguí cumpliendo a rajatabla lo que para mí significaba defender a mi madre. Peleaba muchísimo, me dirigía muchas veces a mi padre en forma casi irrespetuosa y desafiante...todo porque entendía que él era la causa primera de su sufrimiento.

Más tarde me casé, tuve mis hijos y ya mi esposo al ver lo mucho que me seguía involucrando en la relación de mis padres me comentaba que a él no le parecía que fuera lo correcto, él siempre me motivaba a dejar esa actitud  y a que me centrara ahora en la familia que él y yo estábamos formando. 

Un día, después de una pelea en casa de mis padres, regresé a la mía y cuando llegué mi esposo me estaba esperando. Intenté explicarle la situación y nuevamente me repitió: " hasta cuándo tengo que decirte que cada pareja tiene sus propios códigos en los que no te puedes meter, así sean tus padres". Yo no lo entendía, de verdad, estaba tan convencida de que ese era mi papel que solo me preocupaba por cumplirlo sin más.

Hubo un momento en la conversación en la que mientras le contaba lo que pasaba, sin darme cuenta levanté la voz y cuando terminé me fuí a mi habitación. Cuando, de repente, escuché un sollozo detrás de la puerta busqué para ver de qué se trataba y cuál fué mi asombro al ver a uno de mis hijos agazapado llorando...inmediatamente lo cogí en mis brazos y le pregunté qué le pasaba, me preguntó...papá y tú se van a divorciar? 

Le respondí...claro que no, mi amor...claro que no!!! Me quería morir, fué una situación que me impactó mucho y por primera vez en mi vida comprendí que estaba trayendo un problema de fuera a mi casa...yo no podía hacer más, no podía seguir involucrándome en ninguna relación, ni siquiera en la de mis padres. Cada pareja es un mundo aparte y solo ellos dos tienen el derecho de hacer o no algo por mejorarla. No era yo la que tenía que decir cómo debían arreglarla. Dios, cuántas cosas comprendí aquella tarde, cuántas cosas no estaban en mis manos, quién me había constituido en juez de alguien? Quién me lo había encomendado?.

Estoy convencida que esto pasa mucho más de lo que creemos, hacemos juicio sobre situaciones o personas "subjetivamente" sin saber que podemos estar equivocados y que las emociones que esto nos genera determina nuestra visión de las cosas, muchas veces incorrecta.

A partir de allí, cambié completamente mi visión sobre las relaciones de pareja. no solo la de mis padres, sino de todas las personas que he conocido desde entonces, ahora intento no emitir juicios sobre ninguna pareja y en la medida de lo posible evalúo las dos posiciones antes de emitir mi opinión si me la piden. Me doy cuenta que estaba presa dentro de mis propias emociones y vivencias.  Ahora me siento libre. Ahora lo entiendo!!

Estás de acuerdo con la expresión: Cada pareja tiene sus propios códigos? Piensas que nadie se debe meter en los asuntos de la pareja? Déjame tus comentarios en nuestro mail: www.mquemadres@gmail.com

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