martes, 3 de diciembre de 2013

Mi querido tío Orangel!!

Hay personas que aparecen en tu vida y que no importa el tiempo que estén pueden quedarse en ella para siempre. Esta es mi experiencia con mi querido y recordado tío Orangel.

Un día normal de colegio regresaba a casa al mediodía para comer. Cuando entro veo con gran asombro a mi abuela con su cara muy triste pero sin llorar. Le pregunté  qué le pasaba y no me contestó. Mi madre viendo la situación se acercó y me explicó que habían llamado para decir que mi tío Orangel al ser operado de un problema en los ojos había quedado ciego.
Era el hermano mayor de mi padre. Yo no supe qué decir, solo me acerqué nuevamente a mi abuela y la abracé. Realmente hay momentos en la vida que es mejor acompañar sin hablar, éste era uno de esos momentos. Pasaron algunos meses y me enteré que mi tío vendría a casa a pasarse una temporada, mi madre me explicó que dormiría en una habitación al lado de la mía. No comenté nada al respecto, me pareció bien.

Al cabo de unas pocas semanas llegó a casa y me impresionó verlo con esas gafas tan oscuras y necesitando ayuda para caminar pues la casa le era desconocida en esta nueva situación. Salimos todos a recibirle, por supuesto, mi abuela fue la primera en abrazarle y con gran valor lo acompañó a su habitación. Hablaron mucho tiempo de lo que había pasado en la operación y de lo que de ahora en adelante haría para continuar con su nueva vida.

Mi tío era un hombre muy culto, un gran conversador, su pasión era la lectura por lo que tenía una biblioteca inmensa llena de sus libros y de sus cosas. Cada vez que lo visitaba, me la mostraba con mucho orgullo, yo solo me preguntaba cómo haría ahora sin poder disfrutar de aquellos largos ratos de lectura.

Todos los días antes y después del colegio pasaba por su habitación a saludarlo con un beso. El me respondía con un abrazo y un día me dijo: "...carmencita, (como cariñosamente me llamaba) puedo pedirte un favor? Yo le contesté: "...el que quieras, tío..." Quisiera que cuando tengas un tiempo libre por la tarde, me leas algún libro o el periódico, si no te molesta. Yo, a mis pocos años, 10 creo recordar, le contesté: "...mañana por la tarde comenzaremos..."

Desde ese momento, las siguientes tardes durante tres meses compartí con él lecturas de libros y periódicos que me enseñaron más que todo lo que aprendía en el colegio. Recuerdo cómo me decía que un buen lector debe aprender a ser selectivo, aprender a pensar qué ha querido decir el escritor con alguna frase en particular. Lo recuerdo sentado frente a mí con la cabeza en alto como si quisiera concentrarse mejor en lo que le leía. Me hacía leer cuentos cortos de Hans Christian Andersen como el Traje del Emperador o las Habichuelas Mágicas y luego me preguntaba que creía que había querido decir el autor , al principio me daba cierta verguenza , pero a medida que transcurrió el tiempo, le respondía con mucha soltura creyéndome todo lo que decía.

Era especialmente cuidadoso de que comprendiera lo que leía por lo que muchas veces al ver que no entendía alguna palabra, me invitaba a buscarla en un diccionario, el gran Larousse que nunca le faltaba y me comentaba cosas antes de leerle el significado, me decía por ejemplo, antes de la palabra hay unas letras abreviadas verdad?...eso quiere decir que la palabra es un sustantivo, un adjetivo, un adverbio y así poco a poco iba aumentando mi vocabulario de una forma amena e interesante

Otras tardes le leía el periódico local, le encantaba estar al día en todo y me decía que un periódico estaba compuesto por secciones, que no era necesario leérselo todo, que se le daba un vistazo rápido a la portada y luego buscara la sección de opinión, que para él era lo más interesante, porque era el punto de vista de especialistas sobre lo que pasaba en el país o en el mundo. También me decía que poco a poco, iría conociendo a los que escribían en esas páginas y más tarde de acuerdo al que me agradara más siempre debía leer sus artículos y contrastarlos con lo que yo pensaba.

Claro, para una niña tan pequeña aquello me sonaba un poco a chino, pero debo reconocer que es la forma como leo ahora. Sé que él me enseñó a hacerlo.

Al pasar los tres meses, mi tío volvió a su casa y me prometió que me enviaría un libro de cuentos ilustrados, promesa que días más tarde cumplió y que a mi me hicieron disfrutar y soñar con las historias que en aquel libro se narraban.

Lo que quiero significar al contar todo esto, es que, a pesar de mi corta edad, viví una experiencia tan enriquecedora que todavía hoy me acompaña y que a diferencia de mi profesora de piano, mi tío tuvo la paciencia para corregirme, el interés en enseñarme y la dulzura para indicarme lo que debía leer. Fué un aprendizaje adecuadamente guiado, no forzado, constructivo porque a través de las moralejas de cada cuento que leía pude captar el significado de los valores de amistad, honradez, perseverancia, respeto, vitales para formar a toda persona.

Mis primos, sus hijos, quizás nunca supieron la buena influencia de mi tío en mi formación, ahora espero que puedan leer este artículo y compartir el buen recuerdo que con toda seguridad todos tenemos de él.

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