miércoles, 4 de diciembre de 2013

En las aguas turbulentas de un divorcio


Empiezo este escrito diciendo que si bien es cierto las épocas han cambiado un montón desde los 80, creo que las angustias, depresión y muchas veces culpa que se vive cuando se pasa por un proceso de divorcio no varía, los sentimientos de las personas siguen siendo los mismos frente ciertas circunstancias en el transcurso de la vida

Yo era muy joven y mis niños prácticamente unos bebes, todavía estudiaba y aún así decidí enfrentarme a la situación de un divorcio; afortunadamente contaba con el apoyo de mis padres (tal vez sin ellos no me hubiera atrevido). 

Aquí no pretendo explicar mi decisión ni analizar si fue o no lo más adecuado, ahora mirándolo al filtro del tiempo, no estoy tan segura de muchas cosas que decidí, que impactaron tan drásticamente a mis hijos, sin embargo, ahora mirándolos creo que fui capaz de transmitirles a ellos valores importantes para enfrentarse a la vida como son, perseverancia, trabajo, disciplina, asumir las consecuencias de las decisiones, aunque sé y entiendo que su cuota de sacrificio fue más alta que la mía.

Este tema podría dar muchísimo de sí; y es posible que en otras entradas posteriores lo continuaré abordando; no obstante, en estas líneas quiero tratar el tema de los hijos en medio de los sentimientos y conductas de los padres desde mi experiencia, esperando que os pueda servir como punto de referencia en circunstancias similares.

Definitivamente los hijos siguen teniendo un padre y una madre, aunque haya una separación entre la pareja, y es entonces cuando surgen los inconvenientes....tus horarios, los míos, tus hábitos, los míos, tus rencores, los míos, él lo hace así y a mi no me parece, etc., etc., etc. y en el centro de todo está convulsión.... los hijos. 

Uno de los grandes motivos que propicio nuestra separación fue justamente la diferencia abismal en cómo ver y entender la vida; a él todo o casi todo le parecía perfecto, y a mi no, y la cosa fue a peor con el tema de los hijos; por ejemplo no respetaba hábitos y rutinas para las comidas, le daba perfectamente igual si los niños se saltaban el baño, cuando los buscaba los fines de semana los recogía del cole antes de la hora de salir porque era la hora que a él le iba bien y los lunes o llegaban tarde o simplemente no iban al cole, por no hablar del desorden con la ropa y juguetes, lo que se iba no volvía y yo me ponía de los nervios. 

Simplemente sus hábitos eran así y de la misma forma los vivía con sus hijos.

Los niños lo pasaban genial, estaban con su padre y no ir al cole y vivir a su aire era el paraíso hecho realidad, con lo cual por supuesto, preferían estar con su padre; ya os podéis imaginar como me sentía yo. 

Al principio me enfrenté muchísimo, discutía, me preocupaba el desorden que reinaba en la vida de los niños mientras estaban con el, estaba de mal humor incluso le reclamaba a los niños... pobres, ellos no tenían la culpa de estar en medio de aquel duelo. Hasta que entendí que así no podía seguir, con lo que tomé la decisión de no luchar contra corriente, no discutir tanto y menos con mis niños; él era su padre y yo aunque quisiera no podía cambiar sus hábitos y forma de ser

Empecé a darle seguimiento a las cosas a través de los pocos medios que tenía a mi alcance, como por ejemplo, a través de mi ex-suegra, una santa mujer que siempre estuvo clara de la situación y me llamaba o yo llamaba y me explicaba todo acerca de mis niños mientras estaban con ella; y así poco a poco hacía mi parte del trabajo desde casa.

Hoy día mi hijos han crecido y tienen sus propias familias, y veo con orgullo que dentro de todo lo que yo consideraba un caos, ellos tuvieron una infancia feliz ya que así lo siento y además me lo han expresado, plena de amor por parte de ambos; ahora comprenden mis luchas, mis peleas, reconocen a un padre muy amoroso y muy desordenado y a mi como la que le toco el rol de "mamá disciplina"; ya que como dicen alguien lo tenía que hacer, sin embargo el saldo ha sido positivo.

Mi balance después de esta historia es que a veces tenemos que ceder aquello que podemos ceder y permitir que los acontecimientos se desarrollen de la manera más suave para los hijos, aparcando luchas y rencores personales; la vida pone siempre las cosas y las personas en su lugar.

Mis niños y yo navegamos en las aguas turbulentas de las emociones y eso nos preparo para el más importante de todos los roles ... ser seres humanos...

gracias mis niños!!

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