miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cómo aprender a delegar y a dejar de controlar


Hace poco visité a una prima muy querida y mientras hablábamos llamaban a la puerta, era un vecino para que le resolviera un problema de la comunidad, luego recibió una llamada telefónica de la Compañía de aguas notificándole un problema que debía avisar a la gente del edificio, más tarde fuimos a buscar a su nieta al cole y en el ir y venir me dijo...somos unas super mujeres, tenemos que estar para todo y para todos. Me quedé con esas palabras y miré lo que yo también hacía y me dije:..de verdad que sí, cuántas cosas tenemos que atender al mismo tiempo y lo peor es que la gente a nuestro alrededor espera eso de nosotras.

Resulta que me comuniqué telefónicamente con esta prima hace unos días y me dijo que había estado hospitalizada unos días porque de repente comenzó a decir incoherencias y sentía un ruido muy grande en los oídos. Afortunadamente ya está en casa, el diagnóstico médico fué que el estrés le está jugando una mala pasada, pero esta experiencia me hace reflexionar sobre la tensión y la sobre carga diaria de cosas que tenemos bajo nuestra responsabilidad.

La necesidad que especialmente las mujeres tenemos de controlarlo todo puede ocasionarnos muchos problemas, desde enfermedades psicosomáticas hasta conflictos en nuestras relaciones personales. En muchos países el rol de la mujer y especialmente de la madre se magnifica y se idealiza, venimos de una sociedad matriarcal, por lo que hemos aprendido que la mujer es capaz de hacer muchas cosas al mismo tiempo porque es parte de nuestra naturaleza

No diré que esto es una equivocación, seguramente estamos genéticamente preparadas para actuar de forma más asertiva a la hora de manejar varias cosas al mismo tiempo, pero lo que quiero resaltar es que quizás si insistimos en esta actitud puede pasar que hasta nuestra salud se resienta. Trabajamos fuera, pero somos capaces de llegar a casa y poner una lavadora, mientras bañamos a los niños y vamos preparando la cena. Todo al mismo tiempo. Sé que muchas se verán reflejadas en lo que digo porque es totalmente cierto.

La necesidad de control nos puede volver rígidos e inflexibles, creeremos que nadie puede hacerlo como nosotras. Cuántas veces nos ha pasado que por no explicarle, por ejemplo, a nuestro marido, como se hace algo en particular, lo hacemos nosotras y luego nos quejamos.

Es importante que reconozcamos si esta es nuestra situación personal. Si lo es, y te sientes agobiada porque crees que la mayoría de las cosas dependen de tí, tienes que comenzar por soltar el control que quieres ejercer sobre todo y todos a tu alrededor, recordando que no somos indispensables para que las cosas se hagan bien, aunque así lo creamos. Hay que enseñar a los hijos y a nuestra pareja que cada quién es responsable de sí mismo y que podemos trabajar en equipo por un bien común como es la familia. 

Delega pequeñas cosas al principio, debes ir poco a poco hasta poder darles mayor responsabilidad. Dialoga y llega a acuerdos.


Es importante también aceptar que las cosas se hagan de forma diferente a como nosotras lo hacemos. El que se haga diferente no significa que se haga mal. Enseñar a nuestros hijos que colaboren en casa, que te ayuden para que todo funcione mejor, así puedes recuperar la serenidad, el buen humor y probablemente la salud que quizás has perdido. No podemos con todo sin que ello repercuta en nuestra salud mental y emocional. Somos personas sensibles y cariñosas, no unos robots ni unas máquinas sin sentimientos. Necesitamos que nos den una mano. Pídela sin miedo!

Y tú eres de las que delega o quieres hacerlo todo tú? Te parece que sólo tú lo haces bien? Cuéntame tu experiencia y escríbeme a: www.mquemqdres@gmail.com 

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Imagen 1: Jessi en la playa
Imagen 2: obtenida de internet