martes, 15 de octubre de 2013

Momentos para celebrar!


Hace varios años atrás vino a nuestra casa una chica belga a convivir con nosotros durante un año en el marco de un intercambio cultural y de estudios. Mi hijo ( el mayor de los varones) viajaría a Suecia en iguales circunstancias.

Todos estábamos a la expectativa de lo que pasaría!. Nos adaptaríamos a la nueva visitante? Ella se adaptaría a nuestra forma de vida?

Estábamos en el aeropuerto cuando vimos llegar un grupo de muchachos que evidentemente eran extranjeros y las decenas de familias que estábamos esperándolos comenzamos a intentar buscar con fotos en mano a la chica que nos había tocado.

Al fin, la reconocimos y ella a nosotros. Yo la recibí con un gran abrazo ( como es nuestra costumbre) y ella entre asombro y vergüenza respondió como pudo. Primero le presenté a mi esposo y a cada uno de mis hijos, sobra comentar que la sorpresa la invadía por la cantidad de gente que estaba conociendo al mismo tiempo.


Así nos fuimos a casa y comenzó una aventura de descubrimiento mutuo entre todos nosotros. Por motivos ajenos a nuestra voluntad al cabo de tres meses un problema político hizo que desde la embajada de Bélgica llegara un comunicado en el que se le pedía que abandonara el país en el menor tiempo posible.


Hago esta introducción porque a un mes de haber llegado a casa la nueva integrante de la familia celebramos la graduación de odontólogo de nuestra hija mayor. Lo celebramos por todo lo alto como decimos nosotros, estaban todos los que debían estar, nuestra familia y nuestros amigos y por supuesto “Stephie”, el problema se presentó porque ella solo se había traído unas bambas y unos cuantos vaqueros que combinaba con sueltos jerseys propios de su edad.

Qué hicimos entonces? Mi segunda hija era más o menos de su contextura con lo cual le prestó un vestido pero lo gracioso vino a la hora de buscarle unas zandalias y encima altas para combinarlas con aquel vestido. 

No había tiempo que perder y nuevamente mi hija le consiguió unas  pero con tacones altos. Ella y nosotros no parábamos de reírnos frente aquel escenario. Stephie vestida como nunca se había vestido (luego me explicó que ellos no celebran esas cosas) y sin entender porqué nosotros celebrábamos  aquella fiesta solo por el hecho de que nuestra hija se había graduado.



En la celebración no faltó ni un solo detalle, todos vestidos de fiesta nos fuimos a un salón adornado para la ocasión y comenzamos a disfrutar de la velada. Stephie no salía del asombro y yo también cuando de repente la vi bailando pero sin sus insoportables zandalias altas!. De verdad…fue muy divertido.

A los pocos días celebramos el cumpleaños de otro de mis hijos, con tarta, música, regalos, etc. Nuevamente Stephie se asombraba. Ella me decía que nosotros “todo” lo hacíamos una fiesta.

Años más tarde cuando nos toca emigrar a toda la familia a Europa , comprendí la sorpresa de esta chica frente a nuestras celebraciones.

Creo sinceramente que en este mundo donde las malas noticias abundan y parecen que son solo las relevantes, es importante que pongamos nuestra mirada en aquellas otras que son realmente importantes. No importa lo simple que sean. 

 
En casa hay muchas cosas que merecen ser celebradas, el logro de un hijo, su cumpleaños, el aniversario de la pareja, el conseguir trabajo, el ser ascendido en la empresa, el haber sobrevivido a un accidente, por no mencionar otras más comunes pero no menos importantes como el respirar, el estar sanos, el estar juntos, el ser independientes. Entiendo que no con tanto detalle como nosotros cuando Stephie estaba en casa pero sí alegrarnos y celebrar cada una de las bonitas cosas que nos pasan a lo largo de la vida!

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Foto superior: Mi familia, navidad 2011 (Carmen)
Foto inferior :obtenida de internet