jueves, 24 de octubre de 2013

Acoso en el instituto


El acoso es cada vez más frecuente en las aulas y a edades más tempranas. 

Mi motivación para escribir estás líneas surge de una llamada que recibí de una amiga que tiene una hija de 12 años de acaba de empezar en el instituto.

La primera semana la observo callada en casa y con los ojos rojos como si hubiera llorado, cuando le preguntaba que le pasaba decía que nada. La siguiente semana empezó a quejarse que fuertes dolores en el estomago, no comía, por lo que no podía ir al instituto, la llevaron al médico y al parecer no tenía nada físico que justificará dicha sintomatología. 

Luego empezó a caérsele el pelo ya que se lo arrancaba ella misma. Llegados a éste punto mi amiga se alarmo muchísimo. Volvió a llevarla al médico de cabecera, éste la remite al psiquiatra, luego al psicólogo, después de una peregrinación de un mes de médicos, el diagnóstico general fue que no tenía nada físico y sí mucho psicológico

Como cabe esperar en éstos casos después de mirar la dinámica familiar y el psicólogo verificar que en casa las cosas funcionaban bien, se miró el instituto y fue cuando la misma niña contó que estaba siendo "blanco" de burlas y agresiones de algunas "compañeras de clase". 

Según la niña se burlaban de ella porque era muy "tonta" y no entendía los "mensajes" y "dobles sentidos" en las conversaciones que tenían, con lo cual la apartaban, se reían de ella, le decían la "tonta" y le decían al resto de la clase que no le hablaran. Estos comportamientos de los "compañeros de clase", generó en la niña tal angustia y estrés que se manifestó en los síntomas que detallé anteriormente.

Podríamos decir que se trata de un asunto de niños, pero definitivamente no es así; no es un problema pequeño ni para tomar a broma: el miedo y la angustia también caminan en pantalón corto y a edades muy tempranas.

Cualquier excusa es buena para el acoso; que alguien use gafas o lleve aparato en los dientes, que sufra acné o calce un número muy grande de zapatos. 

Pero sobre todo se ejerce sobre quien tiene algún defecto físico o es diferente al grupo, sobre el chico o la chica gordito o flaco, sobre el torpe deportivamente, sobre el homosexual o sobre quien tiene otro acento al hablar u otro tono de piel. 

Como padres debemos:
  • Educar a los hijos ofreciéndoles tiempo de calidad para estar con ellos. 
  • Ser ejemplo de todo para los hijos, es decir debemos enseñar con la boca, las acciones y el corazón. 
  • Enseñar y transmitir valores como: el respeto, la igualdad y la tolerancia. 
  • Enseñar los modales adecuados (a ser amable, a dar las gracias, decir por favor, a disculparse…) 
  • Guiarles pero evitando sobreprotegerlos para evitar producirles inseguridad. 
  • Poner límites a su conducta cuando ésta es inapropiada, sin ser excesivamente autoritarios ni tampoco demasiado permisivos. 
  • Trabajar la empatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar del otro y experimentar sus sensaciones. 

  • Trabajar en el autocontrol de impulsos de manera que cuando se sienta ira no se actúe de forma incontrolada. 
  • Educar en la no violencia. 
  • Resolver conflictos mediante el diálogo. 
  • Explicar que es el acoso escolar y cuales son sus consecuencias. 
  • Enseñar a denunciar los actos de acoso.
  • Estimular a los niños, si son espectadores del acoso, a actuar apropiadamente e involucrarse. 
  • Preguntar a los hijos si él o sus compañeros de clase son víctimas o acosadores con cierta frecuencia. 

  • Asegurarse que los hijos se sienten apoyados y saben que pueden contar con sus padres, proporcionándoles un vínculo afectivo seguro pero sin fomentar la dependencia. 
  • Interesarse e implicarse en la vida escolar de los hijos y en sus tareas escolares. 
  • Es conveniente establecer una relación de comunicación diaria con los hijos para que los padres puedan contar con información de cómo les va su vida. Los hijos deben sentir que se le escucha y valora, y que también tienen experiencias que aportar. 
  • Evitar el uso de la televisión, el cine o los videojuegos violentos y que son fuente de inspiración.
  • Buscar nuevas amistades si las actuales no son las más idóneas.

Debemos educar a nuestros hijos en el respeto, hacia ellos mismos y hacia los demás: respetar las diferencias individuales, no hacer a nadie lo que no quieres que te hagan a tí o a los tuyos.

En éste momento la hija de mi amiga se encuentra en tratamiento psicológico, todavía se niega a volver al instituto, y las "amigas del instituto" y sus padres niegan que en algún momento la hayan acosado.

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Imágenes obtenidas de internet