lunes, 14 de octubre de 2013

La prisa por vivir

 
Cuando empecé a escribir sobre este contenido lo pensaba como un tema dirigido a la actitud de los niños y jóvenes por la velocidad de vivirlo todo y ya!; sin embargo pensándolo mejor me doy cuenta que es una actitud frente a la vida bastante generalizada en nuestra sociedad actual en niños, jóvenes y adultos. Hoy día se desea todo frenéticamente, tener experiencias, vivir a tope retando los límites de las 24 horas disponibles por día.

La prisa por vivir es en parte consecuencia de la inmediatez que proporcionan los avances tecnológicos en que nos estamos desarrollando.

Hemos aprendido que con apretar un botón se enciende la tv, el ordenador, se envían mensajes que llegan al instante a los amigos, se descarga música, “chateamos” desafiando las distancias geográficas, por mencionar solo algunas.

Sin embargo, es importante aclarar que si bien la tecnología agiliza algunos procesos, no todo tiene esa característica de simplificación; lo que es aún más importante, es que aunque algunos procesos puedan ser simplificables, eso, en la mayoría de los casos, deteriora la calidad de lo que se obtiene, más aún en lo que tiene que ver con el desarrollo de las relaciones humanas.

Es necesario ser consciente de que cada cosa tiene su tiempo, hay algunos procesos que pueden simplificarse pero ello no quiere decir que así sea mejor. Aprender a esperar y trabajar para lograr las metas es una lección pendiente y mientras no la asimilamos nos perdemos los beneficios del enriquecimiento que proporciona el vivir esperanzados en la meta que queremos alcanzar.

Por tocar sólo una etapa de la vida, imaginaros lo que pasa con los adolescentes, que con tanta inmediatez, están olvidando lo que significa la palabra "esperar" o "postergar", situación que esta resultando peligrosa ya que vemos como los adolescentes e incluso los niños, no manejan su frustración y llegan a hacer unos tremendo berrinches, solo por que en casa les dan todo y no les enseñan a que las cosas no son inmediatas.

Debemos educarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos (ya que somos sus modelos) en desarrollar energías positivas como la tenacidad, la perseverancia; en no buscar atajos y en trabajar hasta completar el proceso que sucederá no sólo por alcanzar los objetivos, sino también mediante el desarrollo de las capacidades que permitió alcanzar el objetivo. Debemos ocuparnos en forjar en ellos las capacidades para que sepan vivir la diversión sin consecuencias frustrantes, disfrutar el momento presente en que suceden las cosas sea el que sea sin trampas y con trabajo.

En los últimos años empieza a abrirse camino el movimiento “Slow” que parte del supuesto de que la serenidad aumenta la calidad de vida, Como afirma Carl Honoré en su libro Elogio de la Lentitud, “creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.

Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.” La “desacelaración” nos puede hacer más efectivos y de ahí que a través de la sensibilización sobre los estilos de vida, el movimiento Slow nos empuja a saborear la vida y no sólo a sobrellevarla. En la misma línea se ha desarrollado algunos movimientos más especializados: “Slow Food” (comida tranquila) que surgió en Roma como respuesta a la invasión de los establecimientos de comida rápida o la “Cittá Slow”, red de más de cien “ciudades lentas” que levantan barreras al coche y reivindican la reconquista de las calles.

Ya Esopo nos cuenta la fábula de la tortuga y la liebre, en la que ambas se retan a una carrera y precisamente por su prepotencia, la liebre pierde. Es la constancia y la perseverancia de la tortuga la que le da la victoria. Es curioso, que para nuestro contexto cultural ser lento sea sinónimo de torpe e inútil y sin embargo, para muchas culturas la tortuga es un animal espiritual y símbolo de longevidad y sabiduría.

Moverse con lentitud no significa pensar o vivir con apatía. Lo fundamental es hacer buen uso de esa lentitud. Quizás lo básico no es ser “tan-lento”, sino actuar con “talento”. He ahí la sabiduría de la tortuga: sin prisa pero sin pausa.
 

“La gente siempre culpa a sus circunstancias por ser lo que son. Las personas que progresan en este mundo son aquellas que buscan las circunstancias que quieren y, si no son capaces de encontrarlas, las crean”
(G.B. Shaw)
 
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